Los sistemas de enseñanzas virtuales se han establecido generalmente para atender a una población adulta, más madura, que aprende y se manifiesta de manera diferente que los estudiantes de una educación convencional. Por lo tanto, están diseñados para cubrir las necesidades, características e intereses personales de los estudiantes, así como disponibilidad de tiempo, espacio, motivaciones, ritmos, y estilos de aprender, por lo que el currículo a cubrir ha de ser flexible y adaptable a estas circunstancias. Esta flexibilidad es mucho más que la ofrecida por las instituciones tradicionales y puede expresarse en modos diferentes: incluidos el nivel del curso, la estructura, las condiciones de atención, el horario de estudio, la metodología de trabajo, el uso de medios diferentes para establecer la comunicación y el acceso a la información.
La enseñanza típica presencial ha sido y continúa siendo la clase oral en el aula, a través de una clase magistral, en donde la forma habitual de interacción entre el profesor y los estudiantes, es hablar y escuchar en situaciones cara a cara. En consecuencia se genera una alta percepción de seguridad y una interacción educativa relativamente fácil. En contraste, el enseñar y el aprender en la educación en línea, no es el hablar y el escuchar, sino el escribir y el leer. Además, la interacción en línea no suele ser espontánea e inconsciente como en la educación tradicional, sino que es planificada, diseñada, construida y evaluada concientemente; ya que se da a través de los medios como el correo electrónico, foros de discusión, “chat”, videoconferencia, etc.; siendo ésta una comunicación diferida en espacio y en tiempo.
A través de investigaciones se ha demostrado que la educación en línea puede ser tan efectiva en su aprendizaje como en las formas tradicionales de educación presencial, cuando se utilizan los métodos y tecnologías adecuadas; es decir, cuando existe interacción entre los estudiantes y cuando disponen de una retroalimentación oportuna de parte del profesor. (Moore & Thompson, 1990; Verduin & Clark, 1991).
Hay que resaltar que la educación convencional está sufriendo transformaciones, ya que algunas universidades han observado una gran oportunidad al incorporar el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en sus clases presenciales y el uso de la virtualidad como elemento diferencial de valor añadido; factor clave para la innovación y el mejoramiento de la calidad educativa en sus instituciones.
En la educación tradicional, el profesor dirige su enseñanza cara a cara con el estudiante, en forma directa y su función es explicar, aclarar, comunicar ideas y experiencias en el aula de clases, en horarios establecidos; él es líder del aprendizaje, es más que una fuente de información, es un recurso prácticamente insustituible. Por el contrario, en la educación en línea, se pudiera prescindir de la presencia del profesor; es decir, es un recurso sustituible parcialmente; ya que éste actúa como soporte, facilitador y orientador del aprendizaje. Por lo que el rol del educador en línea no sólo es servir de guía en la actuación del estudiante, sino también diseñar y desarrollar cursos basados en las nuevas tecnologías, adaptando los estilos de enseñanza, tomando en consideración las necesidades y expectativas de una audiencia múltiple y diversa con muy poco o ningún contacto personal.
Los profesores de educación tradicional apoyan la realización de sus clases en la conducta que pueden observar de sus estudiantes, permitiéndoles realizar ciertas modificaciones alternando actividades de acuerdo a las circunstancias que detectan. A través de la observación directa se puede identificar al estudiante que esté aburrido o cansado, quién esté poniendo atención y tomando notas, quién se esté preparando para hacer una pregunta o comentario, entre otras cosas. En contraste, el educador en línea no tiene ningún contacto visual con sus alumnos y de existir alguno, puede estar distorsionado de alguna manera por las barreras que impone la tecnología.
En la educación en línea es vital que el facilitador utilice su experiencia y agregue la información paso a paso, en forma progresiva y continua, con un lenguaje sencillo a fin de lograr los objetivos educativos trazados en el curso. Así, el facilitador puede ir un paso adelante, enfrentar los problemas y las dudas de los estudiantes que pudieran tener, de manera que la distancia no sea en un momento dado un aislamiento.
Por otra parte, la característica más resaltante del estudiante en línea es que se encuentra separado de sus demás compañeros y profesores, por lo que no pueden compartir sus conocimientos e intereses, en forma directa, y espontánea, como lo hacen los estudiantes tradicionales. A pesar de la interacción que existe a través de los medios virtuales de comunicación, el estudiante en línea se enfrenta sólo, de forma aislada con el material didáctico. Por esta razón, necesita del apoyo del profesor o tutor como complemento, para que le aclare las dudas y le estimule a continuar en las tareas del aprendizaje, de forma independiente y autónoma.
Además el estudiante en línea se puede considerar de edad heterogénea, generalmente es adulto y trabaja. La educación es su actividad secundaria, de tiempo parcial, produciéndose así una menor interacción social. En cambio, el estudiante de educación tradicional se puede considerar de edades más homogéneas, habitualmente es niño/adolescente/joven que mayormente no trabaja. La educación es su actividad principal, de tiempo completo, produciéndose de ésta forma una mayor y mejor interacción social entre sus compañeros y profesores.
Hay que destacar que los estudiantes de enseñanzas tradicionales son individuos que tienen otros intereses tales como son: juegos, diversiones y estudios. Generalmente, presentan una débil motivación académica en comparación con el estudiante en línea, que es mayormente adulto y centra sus preocupaciones en su ocupación, bienestar familiar, ascenso social y laboral. Estos mantienen una motivación espontánea, intensa y persistente ante el estudio. (Visser,1998, Simonson y otros,2000).
Mientras que los estudiantes de educación tradicional pueden asumir con cierta indiferencia resultados negativos. A los estudiantes adultos les preocupan seriamente éstos resultados, ya que tienen más desarrollado su sentido de culpa ante las expectativas no logradas.
El estudiante adulto integra sus conocimientos y establece relaciones con los hechos de la vida, contando con estimables experiencias de aprendizaje muy diferentes a los alumnos presenciales. (Bozik, 1996).
La educación en línea y la educación presencial, mantienen enfoques distintos, con estudiantes que suelen ser heterogéneos, con objetivos, métodos, medios y estrategias, normalmente diferentes. (Peters, 1998).
En resumen, tengo que recalcar que existen estudiantes, generalmente jóvenes, quienes necesitan asistir a sus clases presenciales e interactuar físicamente tanto con el profesor como con los demás compañeros de estudio. De esta manera, desarrollan su vida social, se sienten cómodos, seguros y confiados, en éste proceso de enseñanza formal; ya que cuentan con el tiempo para hacerlo, por ser el estudio su única obligación. Sin embargo, existen otros estudiantes, particularmente adultos, que por múltiples razones no pueden asistir a las clases formales de estudio y buscan otras alternativas educativas, como son los estudios a distancia. Ello les permite continuar sus estudios postgraduados, para enriquecer su crecimiento personal y profesional. Después de todo lo expuesto se puede concluir, que tanto en la educación en línea como en la educación tradicional, se requieren de diferentes comportamientos; ya sea por parte del docente y del estudiante; ya que son enseñanzas distintas. No obstante, ambas enseñanzas pretenden brindar la misma calidad educativa, e intentan complementarse para ser cada vez más efectivas y optimizar así sus procesos de enseñanza y aprendizaje.
Reconozco que la educación en línea es una alternativa educativa, efectiva que satisface mis necesidades de superación en el área de postgrado; ya que me permite realizar estudios, de una manera cómoda, a mi propio ritmo, sin interferir directamente en mi vida personal y laboral. Considero que aunque esta nueva experiencia, ha significado un gran reto para mí, el cual pretendo culminar con éxito. Creo que todo en la vida forma parte de un equilibrio y que no sólo es querer hacerlo, hay que proponérselo, para llegar hacerlo.